Amore mío, ¿Olvidaste tu valor?

Cuando nacemos, aprendemos a amarnos del modo en que los otros supieron hacerlo.
Sus miradas se convierten en nuestro espejo, en nuestra verdad.
Y así, caminamos por la vida creyendo que “soy lo que me dijeron que soy”, sin detenernos a recordar quién éramos antes de todo eso.

En el viaje, el universo nos va colocando espejos: personas, experiencias, encuentros y despedidas que reflejan todo lo que aún no hemos abrazado de nosotros mismos.
Nos muestran nuestras sombras, nuestras heridas, pero también la luz que habita detrás de ellas.

Anhelamos que alguien nos ame sin condiciones, porque esa es la nostalgia más profunda del alma: regresar al amor puro del que venimos.
Pero al no encontrarlo afuera, acumulamos vacío, dolor y desilusión.
Y un día, exhaustos, le suplicamos al otro: hazme feliz.
Sin recordar que el otro también está buscando su propio camino de vuelta a casa.

Pasamos tanto tiempo esperando que nos vean, que nos reconozcan, que nos devuelvan el valor que creemos perdido…
hasta que un día, cansados de mirar fuera, cerramos los ojos.
Y ahí, en el silencio, encontramos la mirada que siempre estuvo esperando dentro.

Entonces, ocurre la alquimia:
Empiezas a amarte como siempre soñaste que te amaran.
Empiezas a sostenerte como siempre deseaste ser sostenido.

Y poco a poco, dejas de culpar, de exigir, de mendigar amor.
Porque ya no lo necesitas: te eliges tú.
Y cuando te eliges, todo cambia.
Porque te ves. Porque te reconoces.
Y descubres que el amor que buscabas en los demás… era simplemente el reflejo del amor que siempre fuiste.

¿Quieres que recordemos junt@s?

Abrir chat
¿Hablamos?
Hola 👋
Quiero mi llamada de valoración gratuita